La leyenda Elizabeth Dulanto, la creadora de COSAS

Ha bailado con terroristas. Su socia era amiga de Pinochet. En su lista de amigos figuran Mario Testino, Juan Diego Flórez, Mario Vargas Llosa y Gastón Acurio. Ha creado una de las empresas y marcas mediáticas más sólidas del país. La directora y creadora de Cosas en el Perú, Elizabeth Dulanto, cuenta por primera vez su historia y cómo consolidó el grupo editorial Cosas Perú a sus 20 años de creación.

COSAS DE LA VIDA

El Grupo Editorial Cosas, creado por Elizabeth y su socia hace veinte años, publica hoy más de 10 títulos al año. Títulos que vienen ilustrando el desarrollo y siguiendo muy de cerca a la sociedad limeña. Si se quiere entender cómo se ha desarrollado el mercado de lujo y de moda en el Perú, es imprescindible ver las páginas de las revistas de Elizabeth, que han documentado el florecimiento de este nicho en el país durante las últimas dos décadas.

La revista, que hoy ya no es solo una revista sino más bien una empresa mediática, factura cerca de US$3 millones anuales y es la preferida en el mercado local. La firma se ha diversificado de tal manera que hoy produce cerca de 10 títulos que acaparan casi todo el mercado publicitario local. Hombre, Padres, Casas, Viajes, Lujo, Novias, Moda, Alta Costura, RS y Esto es Vida son sus caballitos de batalla. Pero Cosas es sin duda alguna el caballo que cimentó su reinado en el medio local.

Cerca del 66% de las lectoras de Cosas son mujeres; el 49% del total pertenece a los NSE A y B; el 34% del C y un sorprendente 17% de los NSE E y D. El 28% de su público tiene entre 26 y 37 años y el 23% tiene entre 50 y 74.

Para entender cómo Cosas se ha convertido en un grupo mediático capaz de documentar ese complejo proceso de sofisticación por el que atraviesa una sociedad en vías de desarrollo ayuda mirar a Elizabeth Dulanto. Elizabeth y su amiga y socia chilena Mónica Comandari (creadora de la marca en el país del sur) lanzaron la marca en el Perú en 1992, cuando el país estaba en plena guerra contra el terrorismo. Apostaron por dar algo de aire, color y ligereza al espíritu cargado y tenso de los limeños de aquella época. Mónica había creado Cosas en Chile como una revista social pero con un trasfondo cultural, y la idea de lanzar el título en Lima era replicar el modelo chileno.

Cosas fue una de esas creaciones raras: era una revista a color, grande, al estilo de las publicaciones europeas, que retrataban los vaivenes de la vida de la aristocracia, transmitía glamour y grandeza en una época en la que las revistas locales eran, por lo general, planas, en blanco y negro, y estaban plagadas de fotos de muertes y violencia. Una fila de detractores la tildaban de frivola, entre muchos otros adjetivos. No eran años fáciles para lanzar una revista así. No había quién publicitara en ella. Había que imprimirla en Chile porque aquí no se podía. Era cara de hacer. La publicación perdió plata durante más de tres años. Pero la visión, tenacidad y persistencia de Elizabeth permitieron que Cosas no solo sobreviviera, sino que también triunfara y se convirtiera en la revista con mayor inversión publicitaria en el país.

De Dulanto se dicen y se escuchan muchas cosas. Que es encantadora, que te cautiva, que sabe muy bien lo que quiere, que es una jefa dura, que no se diría que es una jefa dura si fuera hombre. Sea lo que fuere, se ha convertido en una leyenda mediática local. Algunas de las mejores plumas del país han escrito y trabajado para ella, entre ellos, Juan Manuel Robles, Marco Avilés y Alberto Servat.

 

Su esposo, Alejandro Miró Quesada, dirigió El Comercio durante más de 10 años. Mientras tanto ella creó su propio imperio mediático, a través del cual también ha creado iconos y ha lanzado al estrellato a más de un artista local. Por ejemplo, catapultó a Mario Vargas Llosa al estatus de icono pop al poner un retrato suyo hecho por el artista Cherman en su carátula. Muy Andy Warhol de su parte. Pero su influencia va mucho más allá de las páginas de Cosas. Conocida por moverse como pez en el agua en diversos y plurales círculos sociales, también es algo así como lo que los  gringos llaman una power broker. Conoce a la gente indicada; y gestiona reuniones y poder.

Es quizás por eso que hay quienes se atreven a afirmar que podría ser considerada como la nueva Doris Gibson. Pero ¿quién es realmente Elizabeth Dulanto? ¿Cómo llegó a crear esta exitosa publicación?

¿Cómo se crea Cosas? 

Empecé trabajando en una pesquera de los hermanos Graña. Era feliz trabajando ahí, en la empresa llamada Santa Magdalena, que tenía plantas de harina de pescado. En esa época el Perú era el primer productor de harina de pescado. De ahí me fui a trabajar a Pescaperú, al final de los setenta, al área de estudios económicos. Llegué llena de ilusiones, recién salida de la universidad, con muchas ganas de contribuir al país como todos los que recién salen de la universidad. Un día me mandaron a hacer un estudio de cuánto debía de costar el envío de la harina de pescado en distintos muelles. Viajamos a todos los puertos y después de hacer el estudio llegamos a la conclusión técnica de que debía costar, por ejemplo, US$6 hacer el depósito de la harina. Cuando el estudio llegó a manos del ministro de Pesca de aquel entonces, este vio la tarifa que habíamos propuesto, la borró y decidió que esta debía ser de US$16 simplemente porque le daba la gana. Ahí entendí que desgraciadamente si un economista trabaja para el país está sujeto a los vaivenes de la política. Así que decidí que tenía que hacer mis propios negocios. Aproveché un momento especial en el que había un programa de renuncia voluntaria de la empresa y saqué una buena liquidación que me ayudaría posteriormente a lanzar mi propia empresa.

Cuando me casé con Alejo [Miró Quesada] entré a una familia de periodistas. Todo el día veía a mi suegro que venía  de luchar del Palacio de Justicia para que le devuelvan el diario [El Comercio]. Cuando finalmente se lo devolvieron, la familia lo encontró en condiciones de abandono total. El gobierno militar no había invertido ni un sol en las máquinas ni en nada.


Esa es una buena manera de ver esa situación. 

A mí me pareció bien aburrido tener que escuchar de máquinas y de imprentas todo el día. Y escuchar tantas quejas. Mi suegra me lo confirmó; me contó que era terrible estar casado con un periodista, ya que nunca tienen horas, que siempre pasan cosas de último minuto. Pero al poco tiempo decidí meterme a estudiar Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima porque quería explorar ese mundo. Ya tenía dos hijas, Adriana e Isabel, y vivía cerca de la universidad. Fue una época muy simpática para estudiar porque como era la época de los apagones no había nada más que hacer.

Sí, es que ese mi estilo; me gusta ver cómo puedo sacar lo mejor de cada situación. Esa fue la razón que me inspiró a hacer este tipo de revistas. En aquella época yo quería irme del Perú, me daba miedo pasar por cualquier calle porque volaban los carros todos los días, y sin tener nada que ver con asuntos políticos igual te podían hacer daño. Mi hermana vivía en Los Ángeles y siempre me decía que las puertas de su casa estaban abiertas. Pero como Alejo y su familia habían luchado tanto para que les devolvieran el diario él me dijo que no se iba a ir del Perú. Fue muy sincero conmigo.

Recuerdo haberle contado de mi situación a una amiga, que hoy es mi socia [Mónica Comandan], y ella me dijo que si ya no me iba a ir del país quizás sería buena idea lanzar la revista que ella manejaba en Chile aquí en el Perú. Como ella venía mucho a Lima, nos habíamos vuelto muy amigas, y durante sus visitas empezamos a conversar sobre el contenido de la revista.

 

En esa época todo era en blanco y negro, y las fotos de los medios eran casi todas del terrorismo. Así que decidimos hacer una revista linda, en color, en buen papel, que contara cosas positivas. Así, durante un año, hicimos pruebas y ni siquiera imprimíamos aquí porque como se volaban torres frecuentemente y no había luz, no se sabía cuándo se podía salir.

Durante mucho tiempo llevábamos el material a Chile a imprimir. Todos los que trabajan aquí ya estaban hartos de viajar. Hasta que finalmente se pacificó el país, y lo primero que hicimos fue empezar a imprimir aquí.

Era entonces una revista cara para producir.

Sí, claro, además no había anunciantes. Yo tenía el tiempo para ir a las agencias de publicidad y sentarme con ellos a conversar. Lamentábamos no tener un perfume que anunciara o un hotel cinco estrellas. Nadie tenía avisos de lujo. Me acuerdo que la primera vez que conseguimos cinco avisos me fui a celebrar a la playa. Hasta que de pronto me llamaron a decirme que se habían caído dos. Y la celebración se canceló.

¿Cómo estructuraron la sociedad de Cosas en el Perú?

Mónica y yo invertimos en la revista, la sacamos al aire con nuestros ahorros. Cada una tiene el 50% de las acciones de la empresa, y así creamos la revista que necesitaba esta sociedad. Creamos un referente local porque todos los referentes como Juan Diego Flórez y Mario Testino se habían ido del país.

¿Cómo fueron los primeros tres años de la revista?

Durísimos. Perdimos plata durante casi tres años. Fue tal vez gracias a la audacia de Elizabeth que la revista llegó a salir adelante pese a sus problemas económicos. Algunos de los colaboradores de Cosas cuentan que ella y su equipo ideaban estrategias poco ortodoxas, por ponerlo de alguna manera, para conseguir las mejores fotos y los mejores contenidos en una época en la que mucha gente no quería ser fotografiada ni aparecer en ningún medio por temor a convertirse en presas fácil de los terroristas. Pero los fotógrafos de Cosas estaban entrenados para inmiscuirse en fiestas a las que no estaban invitados, y cuentan que hasta se llegó a contratar a una fotógrafa guapísima a fin de que utilizara su belleza para menguar el miedo de sus retratados al arma que portaba: su cámara.

¿Alguna vez pensaron en tirar la toalla?

Mónica y yo somos tan amigas que decidimos que si había que cerrar la revista en algún momento, nosotras no lo íbamos a hacer, para eso teníamos a dos gerentes encargados. Una vez, sin embargo, sí pasó que los gerentes me dijeron que lo más conveniente era cerrar la publicación. Les dije que yo no estaba de acuerdo con eso y que creía que la situación podía mejorar. Llamé a Mónica, le dije lo que pensaba, y ella me respaldó. Las cuentas podían estar en rojo pero nuestra intuición decía que esto podía funcionar. Al poco tiempo, sin embargo, llegaron Saga y Ripley, y ellos ya venían de conocer la revista, entonces sí ponían publicidad.

¿Cómo la conocían?

Porque Cosas está en Chile desde hace 35 años. Mónica lanza la revista en Chile en un contexto distinto al nuestro, aunque, paradójicamente, algo similar. Sale al mercado cuando comenzaba el gobierno de Augusto Pinochet. Y él era su amigo. En esa época todo el mundo quería saber de política. Gracias a su amistad con él ella podía dar a su público lo que quería, es decir, notas
de política. Pero el foco de la revista era tocar temas culturales, entendidos como cine, arte, gastronomía, entre otros, con algo de economía y política. También tratamos de meter cosas de política internacional.

¿La revista llegó a despegar económicamente en algún momento de los noventa?

Pasamos casi cinco años de vacas bien flacas. Pero nunca perdimos la esperanza. La emoción estaba en recuperar a esos personajes que se habían ido y que eran referentes para el orgullo nacional, como Juan Diego Flórez y Mario Testino. Estamos tan orgullosos de que Testino, por ejemplo, esté abriendo Mate o que Gastón Acurio se haya vuelto tan famoso, porque eso lo que hace es devolver al Perú su confianza. Hemos sacado al Grupo 5 en carátula, por ejemplo, cuando estaban en todas las fiestas de todos los segmentos de Lima. Ese es nuestro fin, crear referentes, y así vamos a seguir. Ya después de un tiempo largo nos convertimos en la empresa con mayor inversión publicitaria. Hemos tenido muchísimas empresas que han querido competir en nuestro mismo formato, pero han mirado con superficialidad la sociedad, porque lanzaron formatos pensando que la esencia de lo nuestro era lo social. Y la esencia solo por lo social no es; nosotros vendemos todo un paquete. Han salido tantas revistas, como Caras, Hola, pero todas con el foco en lo social y no compiten con nosotros.

¿Cuál fue el año de punto de quiebre para ustedes?

1998. Ese año pasamos de facturar 10 a facturar 100. Fue una cosa impresionante. Un salto abismal. En 1997 ya generábamos ingresos, pero había que pagar millones de cosas, y al año siguiente todo cambió.

¿Hoy cuánto facturan? 

Soy economista, pero lo que menos miro son los números. Estoy más metida en la parte comercial. Calculo que debemos estar facturando cerca de US$3 millones.

Una de las virtudes de Cosas es estar en los sitios adecuados. ¿Tú lideras esa estrategia?

Parte del motivo por el cual no me gusta ver temas de plata es porque me estresa y me puede quitar la energía para la parte comercial, que es la que más me gusta. La parte de márketing. Parte de la genialidad de Elizabeth radica en ese olfato innato comercial; sabe dónde tiene que estar presente su revista y sabe qué tiene que representar. Cosas está en todos los eventos culturales del país, en todos los cafés de Lima y en todas las peluquerías. Elizabeth ha creado un ejército de vendedoras para Cosas que no tiene precedentes en el país. Las ha entrenado a su medida y las ha convertido en su principal arma de batalla contra todos los demás medios. Prueba de ello es que en Cosas, a diferencia de otros medios, los avisos han llegado antes siquiera que la existencia del mismo producto.

¿Cómo llegan a crear casi 10 títulos?

Esa fue la respuesta a lo que el mercado fue pidiendo. Así como durante tres años tuvimos un producto estancado que
no tenía avisos y solo se imprimían 3 mil ejemplares y no pasaba nada, de pronto nos dimos cuenta de que teníamos 40 posibles avisos si nuestro portafolio incluyera a una revista para hombre. Fue la primera vez que yo partí de tener avisos antes que el producto. Luego creamos Novias, que sale dos veces al año, y Moda, que también sale dos veces por año. Y a fin de año tenemos una revista de lujo que destaca las cosas impresionantes que se hacen en el país. También nos hemos equivocado. Lanzamos la edición de gastronomía pensando que iba a ser un boom, pero no nos fue bien porque el mercado aún no estaba listo para ese tipo de revistas. Ahora tenemos 10 títulos. Casas también nació como un afán de mostrar la casa peruana. Viajes es para todos los países donde está Cosas: Chile, Ecuador y Miami. Cada publicación tiene que ser sostenible. Tras el proceso de aprendizaje de los primeros años aprendimos que si ya después de un año el título no da, lo guardamos. Hemos guardado Gastronomía y una revista que me gustaba mucho, llamada C, dirigida a la juventud. Pero nuestro error creo que fue no entender que los chicos ya veían todo por internet y nosotros no estábamos allí.


¿Qué más planes tienen para el futuro?
La prioridad este año es meternos más a la web y consolidar los títulos que ya tenemos. Creo que es un buen momento para las revistas en el país. Hay que entender qué está pasando con la publicidad: los NSE A y B ya no ven comerciales en la televisión, porque graban los programas que quieren ver y no tienen que ver los comerciales. Por eso ahora varios productos masivos, por ejemplo, están volviendo a la revista Padres, como galletas, chocolates, etc. Así que creo que estos son tiempos buenos para revistas, sobre todo para el segmento de revistas A, B y C, y este último es el que más ha crecido.

Hacer seminarios, por ejemplo, con ustedes de PODER [ríe]. Seminarios de éxito en la empresa, o de temas culturales. Quizás hacer libros.

 

LOS RETOS DEL PERIODISMO

En Cosas han trabajado colaboradores y editores durante gas temporadas, pero también durante tiempos cortos. Pablo Cateriano dirigió la revista desde sus inicios por un poco más de ocho años. Fernando Ampuero continúa hoy formando parte de la organización después de su salida de El Comercio. Por eso la reciente y rápida salida de Juan Manuel Robles y previamente la de Marco Avilés, Alberto Servat y David Hidalgo del equipo editorial de la revista llamaron la atención. También hemos escuchado alguna vez que Elizabeth tiene una habilidad especial para atraer buen talento.

Tienes fama de ser una jefa dura.

¿Ah, sí? [suelta una carcajada]. Yo pensaba que era buenísima. Estricta más que dura, pero buena, y si hay que poner el hombro se pone. Si hasta a borrachos he repartido a sus casas y he tenido que convencer a uno de mis periodistas de que no le tumbe la puerta del cuarto a una chica que le gustaba en un viaje.

Parte del éxito de Cosas radica en que trabaja con grandes plumas y fotógrafos magníficos. ¿Cuál es tu secreto para manejar muchos egos periodísticos y buen talento?

Por momentos pierdo la paciencia y pienso que es mejor que desaparezcan. Creo que es importante tener un ambiente de trabajo simpático. A veces -como dicen- lo perfecto es enemigo de lo bueno, entonces creo que debes llegar a tener un balance. En algunos casos soy bien radical. A todos mis colaboradores los quiero porque sé que todos tienen partes maravillosas aunque otras no tanto, pero trato de que todos se sientan orgullosos de la parte maravillosa que tienen. Pero ya cuando se llegan a puntos de terror en la oficina es mejor quedarse sin ellos. Es una parte bien fuerte dentro de una empresa estos baches y vacíos que vas teniendo. No es fácil.

¿A quién admiras en el mundo periodístico?

El País es uno de los diarios que más admiro porque tiene unas plumas maravillosas. Admiro la calidad de las plumas en una revista. Y es algo difícil de conseguir.

 

REFLEXIONES SOBRE EL MANEJO DE UNA EMPRESA FAMILIAR

Elizabeth Dulanto está casada con Alejandro Miró Quesada, uno de lo míticos y más respetados directores del diario El Comercio. Sus dos hijas, Adriana e Isabel, trabajan con ella. Adriana es la editora gráfica de Cosas e Isabel ha asumido recientemente el cargo de editora general de todas las publicaciones.

Haber lanzado Cosas como una revista independiente al Grupo El Comercio no debe haber sido fácil. ¿Algunos de los títulos que lanzaron generaron discrepancias con el grupo?

Ellos han hecho copias de algunos de nuestros títulos. Desarrollé Hombres con Tito Castro, por ejemplo, y a los meses El Comercio se lo llevó para crear Fausto, o Infausto, no sé [se ríe] pero no funcionó. Es que esto es como hacer una comida: tienes que meterle muchos ingredientes y tienes que ponerle amor, empeño. Vamos también la convirtieron en una revista, quizá pensando en nuestra Viajes. Tienen la suerte de contar con mucho capital y hacer muchos intentos y pueden descartar lo que no funciona. Pero debo admitir que he perdido muy buenos colaboradores que se fueron a El Comercio.

¿Algunas de esas cosas pasaron cuando Alejo estaba en El Comercio?

No, más bien yo he dicho a los periodistas que tenían problemas allá que vinieran a trabajar conmigo, como por ejemplo a Fernando Ampuero y a Alberto Servat. Aunque supongo que alguna vez hubo algún malestar porque una vez pedí que me hicieran un descuento de accionista para poner publicidad de Cosas en el diario y me dijeron que no. Pero lo entendí.

Cosas es una empresa familiar. ¿Cómo funciona hoy y cómo vislumbras el futuro?

Mis dos hijas trabajan aquí y les fascina. Adriana, la mayor, estudió cine y su ojo está muy preparado para la parte gráfica Isabel estudió filosofía, política y economía y ha trabajado en bancos pero le sale fácil escribir y ya ha dado tantas vueltas por el mundo que creo que se cansó, y la buena situación del Perú ha hecho que ya vuelva. Yo creo que cada una hace lo que más le gusta, y si tiene que pasar a manos de la persona adecuada, que pase, no hay ningún problema.

Y en el tema familiar, es muy cierto que hasta la cuarta generación el tema empresarial ya no dura. Yo, en todo caso, soy bastante práctica. McKinsey, por ejemplo, trabajó con El Comercio y les dio una serie de pautas pero al final están haciendo lo que quieren. Entonces, ¿por qué gastarse tanta plata en algo si al final no lo vas a hacer? Sin embargo, sí creo que es muy interesante hablar del tema con la familia. Ahora, si se decide contratar a un McKinsey, hay que jurar que se va a hacer lo que ellos recomiendan.

¿Alejandro está hoy involucrado en la empresa?

Cuando se jubiló le pedí que le diera una mirada a la parte administrativa y financiera. Nos recomendó trabajar con un presupuesto. Fue la primera vez que hicimos un presupuesto para la revista. A mí los números me ponen tensa. El venía de una empresa tan organizada y grande como es El Comercio, así que sabía mucho de esas cosas. Yo creo que el talón de Aquiles de El Comercio es justamente ese. A veces me siento como un pericotito que va debajo de los pies de un elefante. Hasta que el elefante se dio cuenta, el pericotito ya se fue con todos sus amigos.

 

SU PASADO Y SU HISTORIA FAMILIAR

Basta conversar una sola vez con Elizabeth para saber que es una líder nata, que tiene un gran sentido del humor y que no se toma a sí misma muy en serio. Es irreverente, jovial y llena de energía. Pero ella dice que algo que la define es cuán independiente es, cualidad que heredó de su madre.

¿Dónde creciste? ¿Qué estudiaste?

Mi padre murió cuando yo era muy chica, y mi mamá fue la persona que hizo de padre y de madre en mi casa. Creo que yo adquirí su fortaleza. ¡Qué barbaridad, mi mamá! Ella trabajaba en diferentes colegios enseñando  manualidades. Trabajaba durísimo. Y a mí me advirtió desde pequeña que si sacaba una mala nota ella no me iba a apoyar. No era como ahora que el psicólogo te llama y te dice qué pobrecito tu hijo, que qué le pasa que no está estudiando. Conmigo no era así; mi mamá nos decía que no contáramos con ella porque no tenía tiempo.

Así, desde pequeña he sido muy independiente. Yo soy la mayor. Mi mamá nunca me cuestionó nada. Cuando entré a la universidad decidí posponer por un año mi ingreso, porque vi que costaba demasiado y opté por hacer una carrera rápida. Por eso estudié secretariado, lo que me permitió conseguir un trabajo y así poder pagarme yo misma la universidad. Le dije a mi mamá que no iba a ir a la universidad, y ella pensó que nunca había ingresado, sin embargo nunca me confrontó porque me dijo que no me quería desenmascarar. Era muy respetuosa.
A raíz de eso yo crecí muy segura de mí misma, porque nunca nadie me cuestionó nada.

Estudié secretariado, economía, ciencias de la comunicación y teatro. Podría seguir estudiando porque me encanta.

¿En qué año conociste a Alejo? ¿Cómo fue su primer encuentro?

Cuando trabajaba en la pesquera, conocí a uno de los ingenieros que se llamaba Ricardo Roca Rey. Nos volvimos amigos y me di cuenta de que después del trabajo él se iba a hacer teatro. Yo era muy jovencita y no tenía mucho que hacer después del trabajo, así que cuando él me propuso que lo ayudara a transcribirle guiones, acepté encantada y me quedaba ayudándolo en el teatro hasta tarde. Ahí conocí a todos los grandes actores de esa época: Ricardo Blume y Lucho Peirano, entre otros. Por aquella época Alejo se queda sin trabajo porque el gobierno militar había estatizado el diario de su familia, donde él trabajaba. Él le pidió ayuda a su amigo Alfonso Maldonado, que era el dueño de Cine 70, una productora muy reconocida. Alfonso le dijo a Alejo que trabajase con él. Un día Alejo empezó a actualizar la base de datos de la empresa, una de sus nuevas tareas, y en el archivo encontró mi ficha, dado que yo en algún momento había colaborado con ellos, y me citó a su oficina para actualizar mis datos. Esa fue la primera vez que nos conocimos. Al poco tiempo nos volvimos a ver porque él tenía que filmar en uno de los sitios en los que yo trabajaba, y como todo salió muy bien me dijo que me quería invitar a almorzar para agradecerme. Ahí nos volvimos a encontrar. Pero fue recién después de 10 años de que nos vimos por primera vez que nos juntamos.

¿Cuánto tiempo llevan de casados?

Treinta años. Mucho trabajo te impide pelear. Yo soy muy independiente. Todas las noches tengo comidas y cócteles y él ahora está jubilado, entonces no quiere ir a ninguna parte. Se la ha pasado tanto tiempo teniendo que ir a este tipo de eventos por su cargo de director en El Comercio que ya no quiere ir a más.

 

LA LÍDER

Hay quienes dicen que se te podría considerar como la nueva Doris Gibson. ¿Qué se siente que digan eso de ti?

Debe haber sido una mujer muy interesante pero no la conocí. Quise conocerla y hacerle una entrevista pero su familia no me lo permitió. No la pedí yo directamente. Lo hice a través de un gran amigo que también era un gran amigo de Doris: Santiago Copburn. El vivió toda su vida en París, pero cada año lo traíamos al Perú para que no tuviera que pasar congelado esos inviernos de París. El venía feliz porque era bien peruano y gozaba de nuestra idiosincrasia, de nuestra comida y de los pocos amigos que le iban quedando. Y una de esas pocas amigas era Doris Gibson, y él me contaba que cuando se iba a tomar sus cafés al Haití pasaba por Pardo, donde vivía su amiga Doris, que estaba siendo cuidada por una hermana. Yo le pedía que me contara de ella. Me contaba que era muy divertida.

Cuando le fueron a confiscar la revista hizo pasar a los encargados de la confisca, porque vio que venían estresados. Los hizo pasar y les dijo: “Yo sé que ustedes no tienen ningún problema conmigo y que están cumpliendo órdenes, pasen siéntense y tómense un whisky”. Parece que se tomaba las cosas con bastante buen humor. Me contaba que era una persona bien simpática. Un día le pedí a Santiago que si la veía le dijera que yo la quería entrevistar. Él me dijo que ella seguro que iba a querer pero que su familia no. Y así fue. Nosotros queríamos hacerle un homenaje porque a mí me parece que era una mujer muy valiosa. Pero yo no te puedo decir si soy como ella o no porque no la conocí.

¿Qué se siente haber construido Cosas?

Yo trabajo por placer, entonces me divierto bastante. Te sientes contenta porque probablemente si hiciera una revista como PODER me estresaría [ríe] porque a mí me estresan esos temas, a pesar de que la economía me encanta. Es una revista que no me atrevería a hacer.

¿Qué percibes que es Cosas, más allá de la parte tangible, qué influencia tiene?

Yo creo que es algo que a las señoras de nivel A les da gusto que exista porque quieren estar y no estar en la revista. Como todos, es gente de contradicciones. Por ejemplo, el otro día estuve con un grupo de señoras pitucas y todas me contaban que se iban a Miami por Fiestas Patrias, cosa que me sorprendió porque creo que una fiesta peruana debe celebrarse en el Perú.

¿Cómo te sientes en el mundo pituco?

Yo me siento feliz en todos los mundos del Perú. He bailado con terroristas en Ayacucho con la esposa del embajador de Chile en esa época, Consuelo Pareja. Era la primera vez que se abría la carretera Los Libertadores hacia Ayacucho y era Semana Santa, así que decidimos ir a pasarla a Ayacucho. Cua ndo llegamos caímos en la cuenta de que ya no había hoteles disponibles. Mi secretaria, que es un éxito y es de Ayacucho, me consiguió una casa linda de una chica que trabajaba en cruceros y había hecho todo el segundo piso de su casa. Allí nos alojamos. Pero no sabíamos que los que vivían abajo eran terrucos. La primera noche que llegamos empezamos a mirar por la ventana hacia abajo y vimos al frente de la casa a un grupo de jóvenes con cajas de cerveza, una fogatita, cantando en quechua. Nosotras mirábamos por la ventana porque queríamos descansar y queríamos ver quién hacía tanto ruido. Habíamos hecho turismo todo el día y al día siguiente debíamos madrugar, ya que a las 4 de la madrugada salía una de las procesiones. De pronto ellos levantaron la vista y nos vieron, y de inmediato nos pidieron que bajáramos. Y bajamos. A Consuelo la confundieron con canadiense, y ella les dijo que no, que era peruana, que el Perú era esa mezcla. Ellos nos atacaban, nosotras combatíamos sus ideas y finalmente terminamos poniendo nuestra caja de cerveza y yo canté, Consuelo bailó.

¿Cómo supieron que eran terroristas?
Ellos nos contaron. Esto fue como en el noventa. Al final nos fuimos a dormir.

Fuente: Poder

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