EMPRENDEDORAS: DRA. STEPHANY SILVA, CEO FUNDADORA DE TRINITY MEDICAL CENTER

“No aprendes sino te caes y te levantas…”

De pequeña quería ser cantante, incluso estudió canto por dos años. A los seis años empezó con gimnasia acrobática, a los nueve hizo básquetbol y natación, a los 12 practicó artes marciales: kung fu, karate, muay thai y boxeo. Y también le gusta el ciclismo y trekking. Estudio medicina por curiosidad viendo trabajar a su padre José Enrique Silva, actual Presidente de Adifan. Al terminar el SERUMS para cirugía plástica se decidió a emprender. Llevó una maestría en envejecimiento y longevidad enfocado a prevención, salud y nutrición, cursos de medicina estética. Luego una maestría en nutrición deportiva y certificaciones de coach metabólico. Después de varias caídas y levantadas hoy dirige un centro médico: Trinity Medical Center.

Quisiera tener la capacidad económica de poder viajar a cualquier parte del mundo en el momento que desee solo para visitar a un amigo que lo necesite. Esa libertad es la que yo quiero.

¿Cómo decides inclinarte por la carrera de medicina?

Mi papá, José Enrique Silva, trabaja en la industria farmacéutica desde que tengo uso de razón. Cuando era niña sufría de asma y mi casa paraba llena de medicamentos, A la par estuve cerca a hospitales por una operación de mi hermano. Por otro lado, mis primos cuando eran niños comían tierra y nunca se enfermaban pero en mi familia que estábamos expuestos a medicinas nos enfermábamos más. Me pareció raro y quería saber qué pasaba a nivel fisiológico para que unos estemos sanos y otros enfermos y si era necesario tanto medicamento en la vida de las personas. Por eso decidí estudiar medicina: por curiosidad.

En la escuela, ¿la medicina fue como te la esperabas o imaginabas?

Los primeros años de la carrera, abrir cuerpos, ver músculos, anatomía, fisiología y bilogía, era genial para mí porque justamente esa era parte de mi curiosidad. Después fui a hospitales y me di cuenta de la realidad: un sistema de salud hasta las patas.

¿Te desilusionaste del sistema?

De pequeña quería ser cantante, incluso estudié canto por dos años. En algún momento pensé hacer algo relacionado al canto como grabar un disco pero ahora no es una prioridad.

De lo que era trabajar en ese sistema. Vi médicos gordos, cansados y sin ilusiones viviendo en una rutina, y me dije ¿eso es lo que me espera? No lo quiero. Porque yo hacía mis prácticas en un hospital de Jesus María, iba a la universidad, luego al gimnasio y regresaba a casa a estudiar. Mi vida era muy activa. No me imaginaba estar cansado, subido de peso. Luego entré al internado y pasó: subí de peso. Porque eran tres días de días y comías lo que podías a la hora que podías.

¿La forma en cómo se trabaja no te gustó?

Pero además, no había coherencia entre lo que decían los médicos a los pacientes y a lo que ellos hacían. El estilo de vida de los médicos no iba acorde con la salud y ellos eran los que decían a los pacientes que deben bajar de peso para que no sufran de problemas cardíacos, por ejemplo.

¿Cómo decides emprender?

Quería ser cirujana plástica e hice el SERUMS para poder ingresar a una residencia y me topé con otra realidad del sistema que no me gustó, al terminar el SERUMS fue que decidí emprender. Llevé una maestría en envejecimiento y longevidad porque va enfocado a prevención, salud y nutrición, después llevé cursos de medicina estética por necesidad del mercado. Luego también hice una maestría en nutrición deportiva y certificaciones de coach metabólico.

Todo esto para poder abrir un centro…

Siempre me he enfocado en tratar de tener algo mío, propio. Antes tuve que trabajar dependientemente porque el primer emprendimiento que tuve no funcionó. También he dediqué a gestionar franquicias del extranjero en Perú pero en agosto del año pasado abrí el Centro Trinity Medical Center, con una visión más cimentada de a dónde quiero llegar con esto, con una estructura de los pasos que debo seguir para que funcione.

¿Cómo te interesantes por la nutrición deportiva?

Toda mi vida he sido deportista, empecé a los seis años con gimnasia acrobática, a los nueve hice básquetbol y natación, a los 12 hice artes marciales: kung fu, karate, muay thai y boxeo. También me gusta el ciclismo y trekking. Me fluye el deporte desde pequeña y empalmé con la nutrición porque en la época que estudiaba medicina, con poco tiempo, solo me quedaba por ir al gimnasio y con la dieta que me daban allí subí de peso y me di cuenta que había poco conocimiento de los entrenadores por eso al principio todo lo que he estudiado en nutrición lo he aplicado en mí y luego en otras personas. Me gusta la parte nutricional, el deporte, el estilo de vida saludable.  Y lo llevé a la parte del negocio porque para mí es importante terminar una jornada de trabajo o en medio de una jornada ir al gimnasio o tener vida.

Eres dueña de tu tiempo…

Muchos conocidos tienen cuatro trabajos y hacen guardia para tener un sueldo razonable. Yo quiero tiempo para mí y la gente que quiero. Cuando había el internado conocí a un médico que siempre llegaba al hospital tranquilo, descansado, alegre y en una camioneta, mientras que los demás llegaban en micro y ojerosos por el cansancio. Le pregunté a ese médico si había hecho su especialidad. Me dijo: no voy a hacer una especialidad, yo tengo negocios y eso me paga la vida que llevo y yo doy servicio como médico. Eso como me sonó razonable y me hizo pensar.

¿Manejar tus tiempos en qué te ha beneficiado además del tiempo para los tuyos?

Ha hecho que no solo me dedique al centro que tengo, también ha posicionar una marca de alimentos funcionales que estoy haciéndolo crecer. También cultivo mucho mi espiritualidad. Forjándome en el lado empresarial aprendí a cultivar hábitos, ordenar mi vida para cumplir objetivos. Todo esto no lo hubiera podido hacer si hubiese seguido la línea normal de los médicos de hacer una especialidad y tener varios trabajos para poder tener ingresos. A mí me gusta mucho la vida del empresario, y la medicina es una de las herramientas que uso desde la excelencia, porque mis tratamientos son muy buenos.

¿Qué cosas te faltan por hacer?

Más que hacer me faltan cosas por vivir. He viajado pero me falta viajar todo el resto del mundo. Quisiera tener la capacidad económica de poder viajar a cualquier parte del mundo en el momento que desee solo para visitar a un amigo que lo necesite. Esa libertad es la que yo quiero.

¿Eso te va dar una empresa como la que estás gestionando?

Si, es lo que estoy formando para dentro de dos o cuatro años.

¿Estás conforme con lo que has logrado hasta ahora?

Sí, de todas las subidas y bajadas que he tenido he sacado valiosos aprendizajes. No aprendes sino te caes y te levantas.

Como que has hecho un poco de todo lo que ha hecho tu padre, ¿lo has notado?

Sí en el único que no coincido con mi papá es en los medicamentos porque yo jamás receto una medicina. Una anécdota fue que estuve en Cusco para una capacitación de negocios y una mañana salí a correr en un intenso frío y regresé enferma. Tenía neumonía y mi padre quería que tomara medicamentos pero yo solo me sané con plantas naturales, apenas tomé una pastilla para la fiebre.

¿Por qué o para qué quieres ser millonaria?
Porque las personas millonarias pueden dar trabajo, pueden donar más, uno puede dar más desde la abundancia. Desde la escasez solo se sobrevive.

Eres médico, ¿por qué no recetas?

Para mí, la industria farmacéutica es la industria de la enfermedad, no de la salud. Es mejor vivir en prevención, en salud. Deberíamos invertir más en prevención, en enseñarle a las personas a qué comer y cómo comer. Los médicos solo apagamos el incendio y todo el sistema está enfocado en apagar incendios. Por otro lado, yo hago medicina estética, nutrición y anti envejecimiento por eso también no receto. No es la rama a la que me dedico. Lo que sí recomiendo son complementos orgánicos que mejoren su salud desde la prevención

¿Qué te ha enseñado tu padre?

En la vida, a levantarme por mi misma. Te cuento un recuerdo que se me quedó: de chiquita yo montaba bicicleta y mi papá corría. A las dos cuadras, siempre él volteaba a verme y yo parada lo miraba y le decía que me caí, él me respondía: ¿te caíste? pues levántate. Si en algo me parezco a él, es que soy frontal, ambos derramamos demasiada sinceridad. La primera vez que me castigó fue porque le dije las cosas en la cara a los cincos años (risas).

¿Qué has aprendido de tu mamá?

Mi mamá es más paciente y eso es lo que he aprendido de ella recientemente. Mi mama es muy segura pero no le gusta generar conflicto, es más diplomática. He aprendido diplomacia y paciencia de ella pero he sacado el temperamento de mi papá. Siempre le he dicho gracias por tus genes, soy tu clon (risas).

¿Cómo eres con tus hermanos?

Tenemos una buena relación, ahora queremos ir a ver juntos la película Dragón Ball Z. Me gustan ese tipo de actividades con ellos, por ejemplo como jugar play station también.

¿Ser frontal te ha metido en problemas?

Mi socia en Trinity Medical, es más diplomática, siempre que siento que me voy a ir de cara, le pregunto cómo manejar un tema. Pero también es necesario la frontalidad, que te digan las cosas de frente para poder reaccionar, ¿qué es lo peor que puede pasar? A mis pacientes cuando les tengo que decir las cosas por su bien lo hago, me dicen que soy linda porque ahora he aprendido a trabajar mi empatía.

¿Qué otra actividad te hubiese gustado cultivar además de la medicina, el deporte o los negocios?

De pequeña quería ser cantante, incluso estudié canto por dos años. En algún momento pensé hacer algo relacionado al canto como grabar un disco pero ahora no es una prioridad. He hecho presentaciones en lugares públicos con la escuela cantando baladas, pop y rock.

¿Qué te llevo a ingresar al mundo de la espiritualidad?

Hace dos años tuve una quiebra financiera en la que no sabía cómo salir de la depresión. Estuve en banca rota por administrar mal mi dinero. Tocar fondo te hace algo superior: a mí me hizo retomar mi relación con Dios. No soy una persona religiosa, no creo en las religiones pero sí en la espiritualidad. Por eso empecé a meditar y hacer terapias espirituales.

¿Estuviste mucho tiempo en depresión?

No estuve mucho tiempo así porque tenía que buscar herramientas rápidas para salir de eso y empecé a trabajar talleres de manejo de energía.

¿Cómo te relacionaste con esos temas, quien te llevó a eso?

Empecé a llevar talleres de liderazgo y allí escuché que algunas personas habían llevado cursos para trabajar la parte espiritual. Entonces me di cuenta que había crecido en la carrera profesional pero debía trabajar en la parte interior para crecer por dentro.

¿Qué te ha enseñado la espiritualidad?

Me enseñó a ver mi poder personal, qué tanta fuerza puedo llegar a tener, que las cosas que uno cree que te mata, pues no te mata. He aprendido resiliencia y disciplina, hábitos y manejo de energía. Me he conectado con Dios y he trabajado para sanar mis relaciones familiares y amicales. Gente distinta ha llegado a mi vida desde que empecé a crecer en espiritualidad y otras personas que eran como yo era antes se ido quedando atrás en el camino. Ese crecimiento constante es algo que no quiero dejar nunca.

¿Cómo te ves de aquí a diez años?

Millonaria, y desde la abundancia tener equilibrado mi paz interior, economía, relaciones, disfrute y salud.

¿Por qué o para qué quieres ser millonaria?

Porque las personas millonarias pueden dar trabajo, pueden donar más, uno puede dar más desde la abundancia. Desde la escasez solo se sobrevive.

¿No hay otra forma si no eres millonaria?

Para mí no hay otra opción, voy a ser millonaria porque me lo merezco. Si te trazas el camino llegas. Algo que quiero hacer en dos años es pagarles un crucero a mis padres en el mediterráneo. En diez años me quiero caminar el mundo: caminar la muralla China, meditar en un templo budista en Tailandia, ver castillos de la época medieval en Irlanda, ver la aurora boreal a Islandia. No hay otro camino, lo voy a hacer.