FIORELLA DE FERRARI Y LA CASA AMARILLA…

Nació y creció con dos maestros en casa. Su padre, un exitoso empresario en el rubro franquicias; su madre, una brillante impulsora del teatro en el país. Estaba por concluir Educación Inicial cuando se desencantó de la enseñanza en el aula, no quería ser cómplice de un sistema en el que no creía. Condujo espacios en la televisión, hizo carrera como actriz. Un día, leyendo un libro supo que en la Italia de la posguerra, en la devastada localidad de Reggio Emilia, un puñado de mujeres puso manos a la obra y emprendió la reconstrucción. ¿Su motivación? Sus hijos. ¿El vehículo? La educación. La maestra Fiorella de Ferrari partió a Italia, maravillada, supo qué modelo quería aplicar en el país. Con la administradora de empresas Marisol Bellatín le dio forma a La Casa Amarilla. Hoy madre de mellizos, tiene clarísimo cuál es la mejor educación para ellos (y para todo el Perú).

¿Qué edad tenía cuando comenzó a animar fiestas infantiles?
Tenía 14, vivíamos en Córdova (Argentina). ¡Yo siempre tuve la necesidad de trabajar! Siempre, desde muy chica.

Y no porque tuviera necesidad económica.
En absoluto.

Entonces, ¿por qué lo hacía?
Creo que tiene que ver con mi educación, con los valores que me han transmitido desde chica. En casa siempre hemos hablado sobre lo importante que es trabajar, sobre cómo uno se construye a sí mismo a través del trabajo, cómo el trabajo define quién eres.

Detalle clave, porque a su familia no le falta dinero, y su mamá, Chela de Ferrari, pudiendo haber elegido ser una excelente ama de casa decidió trabajar en lo que ama y hoy es una destacada directora y promotora de teatro.
Es que uno no trabaja exclusivamente por necesidad económica, yo creo que las motivaciones para el trabajo van más allá del dinero. Quizás no todo el mundo lo siente así, pero ¡yo siento el trabajo como una necesidad! Esa es mi realidad y no tiene que ver con ganar billete sino con una necesidad de trascendencia; y, en mi caso, la Educación responde a mi tipo de temperamento: yo soy una persona a la que le gusta pasar el tiempo conversando sobre cómo se construyen las personas, cómo se construye una sociedad, cómo nos volvemos una comunidad, qué significa crear cultura… Yo pienso que ese es el rol de la escuela: ser un lugar de creación de cultura, donde podamos romper paradigmas y crear unos nuevos; un lugar donde rompemos con el conformismo, con la mediocridad, con la ley del mínimo esfuerzo.

Fue criada en ese ambiente.
Sí. Mi madre desde el rol que juega el arte en la vida, cómo este te ayuda a ser mejor ser humano; y, mi padre, desde la perspectiva del trabajo y del emprendimiento.

No es común que en la clase acomodada los chicos crezcan en ese ambiente.
A ver, ¿qué ocurre en los sectores medio, medio alto y alto en el Perú? Los chicos pasan mucho tiempo criados por terceras personas. Cómo aquí la mano de obra es barata, tú tienes a gente en tu casa trabajando para ti, y eso nos hace personas menos autónomas, y eso se refleja en niños que tienen poca capacidad de movimiento, a los que les cuesta desenvolverse con independencia incluso dentro de casa, niños que se caen con mayor frecuencia porque están acostumbrados a que haya alguien detrás para sostenerlos, niños que no saben vestirse ni comer solos, y, a medida que van creciendo, se convierten en personas que no tienen pensamiento propio, que no tienen capacidad crítica, que no saben qué hacer con sus vidas. Y terminamos con estos niños Goyito que no son capaces de tomar decisiones… Y yo, a los 16 regresé de un país como la Argentina (partió con su familia a los 6), donde predomina la clase media y donde los chicos están acostumbrados a tener una vida muy activa en relación a la comunidad, chicos con mucha opinión, que se sientan a la mesa con sus papás y todos opinan. Además yo venía de provincia, de Córdova, donde había mucha libertada, mucho juego en la calle…

Le debió chocar llegar y encontrarse con el racismo local.
Había como un desfase en la madurez. ¡Chicos y chicas! Tuve un choque cultural.

Era el 95, el país aún estaba golpeado…
¡Había mucho temor! De pronto, de la libertad de Córdova, de una infancia de mucha libertad, de mucho contacto con la calle, nos vinimos a un país con mucho temor, donde ya no podía salir a la calle, a un edificio muy bonito pero donde no nos conocíamos entre vecinos… Por eso le agradezco a mi papá su preocupación porque aprendamos a ganar calle, y la mejor manera que encontró fue: “Bueno, señores, a tomar micro”.

Tenía 16, pudo haber elegido quedarse allá.
No había forma. El primer año fue difícil, pero este es un país fascinante, lleno de oportunidades, en el que -aunque sea una frase muy dicha- ¡está todo por hacerse! El Perú es un lugar de ensueño para alguien con un espíritu como el mío, con un espíritu emprendedor. Es cierto, la informalidad, el caos, te pueden frustrar, desalentar, pero ¿justo de este país me voy a ir? ¿Justo de este país que necesita a gente con garra? ¡No!

Habiendo animado fiestas infantiles, a nadie sorprendió que siguiera Educación Inicial. Sin embargo, estando por terminar la carrera se desencantó del trabajo en el aula.
Sí. Nunca dudé de mi vocación, pero sí sobre si quería trabajar en un aula, porque el tipo de trabajo que conocí a través de mis prácticas (pre profesionales) era de una pobreza… Yo llegaba a mi casa completamente anulada, con una tristeza, sintiendo que me había desgastado tratando -durante tres horas- de controlar a los niños. ¡Yo no creo en ese tipo de educación! Yo no quiero ese tipo de enseñanza, no la quiero para mí ¡y mucho menos para los niños! Yo no iba a reproducir ese modelo. No podía.

¿El teatro fue entonces un espacio donde sublimó su frustración?
El teatro arrancó en paralelo.

Y en ello hubo un hecho que plasma su carácter osado: su mamá estaba por estrenar una obra y se le cayó una de las protagonistas, usted le planteó reemplazarla, ella se lo propuso al elenco y este la rechazó por ser inexperta. Pese a ello, igual se presentó al casting y fue el mismo elenco el que terminó eligiéndola.
Fue muy lindo.

¿Qué tal difícil fue?
En realidad, fue muy divertido; y creo que esa es una pieza clave para el trabajo: divertirte. Hay gente que se queja constantemente de su trabajo, y yo solo puedo sentir una pena tremenda por aquel que trabaja sufriendo.

Fue así que entró a escena y se comió al jurado.
Yo iba a hacer una escena con Mario Velásquez. ¡Con Mario Velásquez! Yo soy fan de su trabajo, él es un ¡actorazo! Yo tenía al elenco mirándome y a ese señor -que es lo máximo- a mi lado. Entonces, si ese señor es lo máximo, ¿por qué yo no iba a dar lo máximo de mí? Y les di lo mejor que yo tenía para dar ese día…

¿Cómo explica su actitud?
Viene de mi educación, de mi experiencia, de un papá que siempre nos ha hablado siempre de estar conectados con lo que hacemos; de una mamá muy amorosa, muy cercana, muy inteligente.

Que la alentó a desarrollar sus aptitudes.
Sí, en casa siempre hemos estado muy motivados a hacer lo que nos gusta.

¡Qué tan importante -económicamente hablando- es eso para un país?
Lo es todo. Un chico que se siente amado por sus padres, que se siente aceptado por ser quien es, que se siente valorado, que tiene a una familia comprometida con su forma de ver el mundo… Los niños tienen una cultura propia, y parte del rol de la escuela y de los maestros y de los padres, es tratar de entender esa cultura. Si no entendemos qué son los niños, qué es la infancia, ¿entonces cómo construimos un país? ¿Cómo construyes democracia si no empezamos por entender cómo es que la infancia percibe e interpreta al mundo? Por eso, la pregunta es: ¿Qué tipo de escuela y qué tipo de ambiente pedagógico queremos ofrecer?

Seguramente varios se van a preguntar: ¿Qué hace esta entrevistada y qué hacen estas preguntas y estas respuestas en la sección Economía de un diario? ¿Qué les contestaría?
Tenemos que pensar en cómo la educación impacta en el desarrollo de un país, incluso en la vida económica del país. ¿Cuáles son los valores que los chicos que van a la escuela deberían ir interiorizando? ¿Qué necesita un país como el nuestro? ¿Qué necesita nuestra economía? ¡Habilidades básicas! Pensamiento divergente, ¡pensamiento creativo! Chicos capaces de encontrar soluciones, con capacidad de decisión, que sienten que tienen poder, que tienen la capacidad de construir, de hacer, de transformar.

Capaces de romper la línea.
De decir: “No estoy de acuerdo, yo pienso esto”. Niños con pensamiento crítico.

Pero este es un país al que a muchos les encanta el autoritarismo.
Pero no creo que eso ayude a activar a un país, a hacerlo crecer.

Eso tendrían que entenderlo quienes piensan votar por Fujimori.
Por ejemplo.

Precisamente, de las propuestas educativas de los candidatos a la presidencia, ¿hay alguna que rescate?
Hablan de revolución educativa, pero no desde la perspectiva educativa.

La Casa Amarilla debió haber abierto un año antes y en otro distrito, pero, habiendo dado con la metodología que querían y teniéndolo todo en regla y habiendo hecho una gran inversión, el municipio le negó la licencia. ¿Qué tan frustrante fue?
¡Fue espantoso! Nos hicimos muchas preguntas. La primera: “¿Seguimos? Porque si vamos a otro municipio ¡nos va a pasar lo mismo! Porque no vamos a bajar plata. Entonces, ¿seguimos con esto?”. Y en ese sentido yo tengo a la mejor socia, porque de inmediato nos miramos y: “Ni hablar, tenemos que continuar”. Y teníamos que hacerlo porque sabíamos que estábamos construyendo país.

Tenían un gran punto a favor: cero problemas económicos.
Teníamos la posibilidad de volver a empezar, ¿pero qué pasa con el peruano que ha juntado hasta el último centavo para abrir su bodega, para abrir su negocio, y se encuentra ¡con estas trabas! ¿Con todos los obstáculos que le pone un sistema corrupto generalizado?

Por un lado somos un país de emprendedores y, por el otro, un país con autoridades que castran el emprendimiento.
Absolutamente.

¿Qué tan importante es una buena escuela para el desarrollo económico de un país?
Es determinante. No si tienes una, pero ¿si esto se vuelve un derecho público y este tipo de educación está al acceso de todos? Porque en el Perú hay una escuela privada en cada esquina, pero imagínate si cada una -no importa de qué sector económico estemos hablando- pudiera ofrecer a los niños la posibilidad de desarrollar estas habilidades…

¿Cómo entender que siendo un tema tan clave, el presupuesto para educación, ciencia e investigación sea tan ridículo?
Es comprensible desde la perspectiva de los intereses inmediatos de quienes asumen el poder. Hacer una revolución en Educación toma tiempo, y ellos no tienen más que cinco años… El problema del Perú es que somos un país sin identidad nacional, nosotros no nos reconocemos en el otro.

No terminamos de aprender a celebrar el éxito ajeno.
Este es un país complicado… Yo creo que como económicamente estamos creciendo, cada vez va a haber menos acceso a tener gente trabajando en nuestras casas, y como esta gente está creciendo cada vez más, eso va traer como resultado ser un país más interesante, donde vamos a empezar a necesariamente convivir juntos y dentro de los mismo términos; y yo lo digo con mucho orgullo porque lo veo acá en La Casa Amarilla: hoy aquí hay familias que hace cinco años no hubieran podido pagar esta escuela, y que reconocen que lo que quieren es una educación como esta, porque lo que quieren es que sus hijos sean niños con pensamiento propio.

Un año después, el 2005, finalmente abrieron en otro distrito, en San Isidro.
El primer año fue bien fuerte. Yo diría que no fue un año exitoso, ni desde la perspectiva de los números ni desde la del proyecto, porque éramos jóvenes, no teníamos experiencia, esta era una propuesta nueva, un buen porcentaje de los papás habían matriculado a sus hijos porque este era un lugar bello pero no necesariamente porque hubieran entendido el proyecto, y -algo que fue muy criticado- no éramos madres… Hablábamos de que los chicos trabajen proyectos de investigación, por sectores dentro del aula, que parte del aprendizaje está asociado a que asuman responsabilidades cotidianas…

Nadie entendía.
“¿Dónde está la ficha de aplicación?”. “¿Por qué mi hijo no está aprendiendo los colores?”. “¡Por qué no si eso es lo que le van a pedir en el colegio!”… Finalizado ese primer año decidimos ordenarnos, sistematizar y darle sustento a toda nuestra propuesta.

Y la prueba de que lo lograron es que hoy los papás se pelean porque sus hijos entren a La Casa Amarilla.
Sí. Y, de hecho, a partir del próximo año van a tener que pasar por un proceso de admisión, porque lo que hemos encontrado es que esta es una propuesta pedagógica que requiere de un nivel de compromiso muy alto por parte de las familias, porque si no tengo familias muy comprometidas no puedo desarrollar un sentido de comunidad fuerte, y uno de mis principales valores es ese: el sentido de comunidad, que está por encima del interés individual.

El local les ha quedado chico, este año han abierto otro en Jesús María y han lanzado Alegría, una marca más accesible, en San Miguel.
Lo que estamos haciendo es ofrecer a las familias exactamente lo mismo que tienen aquí, pero, en lugar de que sea en una escuela de seis aulas, en una de ocho a diez aulas. Ello nos permite tener otras tarifas.

El objetivo es, habiendo ya sistematizado su sistema de trabajo, comenzar a replicar en todas partes el modelo de Alegría.
Absolutamente.

O sea que lo que se viene es una revolución.
¡Ojalá! Porque yo espero que este tipo de educación no sea solo para unos cuántos.

PERFIL
Nombre: Fiorella de Ferrari Giraldes.
Colegio: Colegio Alemán de Córdova, en Argentina. Terminó aquí, en el Humboldt.
Estudios: Profesora de Educación Inicial de la PUCP con especialización en la propuesta educativa italiana Reggio Emilia.
Edad: 32 años.
Cargo: Socia, propietaria y supervisora educativa de La Casa Amarilla.
La Casa Amarilla
Nido que privilegia el juego, la creatividad y la investigación en el niño. Con una inversión de US$160 mil, Fiorella y Marisol Bellatín abrieron el 2005.
Crecimiento
Con una inversión superior a los US$300 mil, acaban de abrir su segundo local y han lanzado la marca Alegría, nido que atenderá a la clase media.

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